Descripción:
En los albores del siglo XX, el neurólogo austriaco Sigmund
Freud empieza a sentar las bases del psicoanálisis, un novedoso enfoque sobre
la psique humana que es tanto una teoría de la personalidad como un método de
tratamiento para pacientes con trastornos. La principal contribución de Freud a
la psicología será su concepto de inconsciente. Freud sostenía que el
comportamiento de una persona está profundamente determinado por pensamientos,
deseos y recuerdos reprimidos; según su teoría, las experiencias dolorosas de
la infancia son desalojadas de la conciencia y pasan a formar parte del
inconsciente, desde donde pueden influir poderosamente en la conducta. Como
método de tratamiento, el psicoanálisis procura llevar estos recuerdos a la
conciencia para así liberar al sujeto de su influencia negativa. A los 81 años,
rodeado de colegas que comenzaban a deponer su posición de analista e
intentando darle “formas más adecuadas a la demanda”, se pregunta por la
esencia del tratamiento psicoanalítico, si se puede considerar un final para el
psicoanálisis. Es conocida la metáfora del juego de ajedrez utilizada en “Sobre
el inicio del tratamiento”; hay un número infinito de caminos que una sesión
puede tomar, dependiendo de las asociaciones que se traen a la sesión y,
solamente, una limitada cantidad de aperturas. Podemos aplicar al cierre el
mismo modelo; hay muchas maneras de terminar un análisis que dependen de
múltiples factores, pero Freud nos invita a reflexionar sobre algunos caminos
posibles. Nos propone, además, una mirada cuestionadora sobre la paradoja que
encierra el “análisis didáctico” con sus límites y fronteras (número de
sesiones y duración), considerado como el “oro puro” en la formación del
analista.
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