Descripción:
¿Por qué retomar estas conversaciones con Michel Foucault,
estos cursos y conferencias que tuvieron lugar en los años setenta, es decir,
hace ahora, como mínimo, más de veinte años? ¿No se produjeron estas
intervenciones para responder a urgencias de la época, y, por tanto, no estaban
destinadas a desgastarse y a agotarse en situaciones que ya no son las
nuestras? Bajo la imagen de marca o con el pretexto de difundir un pensamiento
crítico ¿no se está en realidad cediendo a las inercias del mercado, y a una
moda editorial que perdura desde hace ya demasiado tiempo? Estas preguntas, sin
duda, resultarán un poco retóricas para quienes ya disponen de las respuestas
preestablecidas, y, en particular, para todos aquellos que suelen desvalorizar
en bloque el pensamiento de Foucault pues no están dispuestos a reconocer el
menor valor a sus producciones intelectuales. Para justificar su enmienda a la
totalidad unos se aferran al carácter nietzscheano del pensamiento foucaultiano
que, según dicen, conduce al nihilismo y al desarme moral, otros se apoyan en
su presunto antimarxismo, en su retórica evanescente, envolvente, en sus
opciones políticas personales, y hasta en sus inclinaciones sexuales. Son
muchos los que, por razones de cambio de coyuntura, o por un rechazo visceral
—fruto casi siempre de un desconocimiento de su obra o de falsos estereotipos—,
repiten desde hace años, como una vieja cantinela, que es preciso olvidar a
Foucault. Se suman así a quienes guardan silencio sobre sus trabajos, a quienes
deliberadamente los ignoran, o los entierran en el silencio de una rabia
censurada, por creer, tan ingenua como mágicamente, que, puesto que desearían
que Foucault no hubiese existido, es posible borrar de un plumazo su presencia
de nuestro panorama intelectual: para ello basta con poner en práctica la
política del avestruz.
Los que admiramos la lucidez de su trabajo, quienes
compartimos básicamente los objetivos de su proyecto intelectual, no
necesitamos abogar aquí en su defensa. La producción intelectual de Foucault
brilla con luz propia, se defiende a sí misma por sus resultados, por los
nuevos territorios de objetivación que abrió, por los afinados instrumentos de
análisis que proporciona, instrumentos que permiten diseccionar y proyectar luz
sobre regiones oscuras de la vida social en donde anida la intolerancia y el sufrimiento.
Más que comentar indefinidamente la obra de Michel Foucault, sus producciones
incitan a servirse del camino andado para trabajar en una línea que prolongue y
profundice la suya. Estos textos no están destinados por tanto a alimentar una
escolástica ni una ortodoxia foucaultiana, y menos aún a reavivar polémicas.
Aquí nos hemos limitado a ser transmisores de su voz para que el eco de una
pequeña parte de sus contribuciones intelectuales suene, una vez más, en lengua
española. Evidentemente hemos asumido la traducción de estos textos porque
creemos que el modelo de análisis que Foucault articuló trabajosamente a lo
largo de su vida es en la actualidad un referente obligado para quienes
trabajamos en el espacio de las ciencias humanas y sociales. Así pues, aquí
están, con errores y aciertos, con reiteraciones e innovaciones, estos escritos
y comentarios. Son textos en ocasiones trasnochados, pues no en vano la marca
indeleble del paso del tiempo los ha erosionado, los ha desplazado, y en parte
los ha hecho inservibles, pero el tiempo también les proporciona una distancia
que nos permite medir mejor la importancia del proyecto, el ingente esfuerzo
realizado, las contribuciones sólidas que sirven de apoyo a nuevas
indagaciones, en fin, la generosidad de un intelectual comprometido con las
libertades. Quienes se acerquen a estas intervenciones dispuestos a dejarse
interpelar por ellas descubrirán sin duda más luces que sombras, y se sentirán
en algunos momentos conmovidos por una aguda mirada regida por una indoblegable
voluntad de verdad.
Hemos reunido en este libro entrevistas, intervenciones
coyunturales, mesas redondas, debates, conferencias, cursos, prólogos..., toda
una gama dispersa de textos dichos o escritos por Michel Foucault. Pero por
debajo de propuestas desgastadas por el paso del tiempo, y desplazadas por el
cambio social, más allá de análisis eruditos, fulgurantes, fruto de un trabajo
paciente y de una implicación distanciada, más allá de hallazgos sorprendentes,
late un compromiso inteligente e imaginativo que sigue interpelándonos puesto
que tiene que ver con lo que hacemos y con lo que somos, es decir, con el
presente que estamos viviendo. Michel Foucault nos propone en esta antología de
textos una mirada analítica de los sistemas de pensamiento y de las redes
institucionalizadas de poder, de forma que esta crítica sociohistórica nos
ayuda a elegir nuevas vías de transformación social.
Los textos seleccionados no constituyen una propuesta
totalmente coherente y acabada. No estamos ante una obra cerrada, sino más bien
ante segmentos dispersos que, más que responder a un espíritu de sistema, ponen
sobre todo de manifiesto cómo trabajaba Foucault, y la variedad de sus
intereses. Pero no sería justo decir que estos textos se acumulan
incoherentemente unos detrás de otros y son refractarios a hablar entre sí,
pues coexisten en el tiempo, comparten un espacio cronológico común situado
entre 1971 y 1977, y del entrelazamiento entre unos y otros, de las
superposiciones y contigüidades de los diferentes enunciados, se podría extraer
una especie de espacio categorial que reenvía a lo que se podría denominar un
modelo de análisis, un modo de indagación que proporciona una coherencia de
fondo a los textos, un orden subyacente a la dispersión. Este modelo
artesanalmente construido por Foucault a lo largo de su vida responde a una
voluntad de saber que da fuerza y refuerza los textos convirtiéndolos en partes
de una partitura más compleja, una partitura en la que faltan fragmentos y que
lamentablemente quedó inacabada, suspendida, por una muerte prematura. El hilo
conductor que atraviesa en diagonal este proyecto intelectual, la lógica que
engarza estos textos proporcionándoles un sentido que los mantiene vivos se
podría quizá sintetizar en torno a tres dimensiones fundamentales: ámbitos de
saber, relaciones de poder y políticas de la verdad.
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