La ecuación que explica por qué tu relación no funciona

 

En la multiplicación, si un factor es cero, el resultado es cero. Así, sin compasión. No puedo dejar de pensar cuántas relaciones humanas funcionan exactamente igual. Porque sí, podemos aplicar el rigor matemático al estudio del comportamiento. Podemos declarar variables, observarlas, interactuar con ellas y, lo más importante, llegar a inferencias. Y a veces, lo que las matemáticas nos gritan es incómodo de escuchar.

En toda relación hay dos variables fundamentales: tu esfuerzo conductual (lo llamaremos E_A) y el esfuerzo de la otra persona (E_B). No hablo de sentimientos difusos ni de "amor", hablo de conductas observables: ¿con qué frecuencia inicias conversaciones? ¿Cada cuánto propones planes? ¿Cuánto tiempo de calidad ofreces? Eso es E_A. Medible, real, concreto. Y del otro lado está E_B, que funciona igual. La ecuación es sencilla: Resultado de la interacción (R) = E_A × E_B. Y aquí viene el plot twist que duele.

Si E_B = 0 (es decir, la otra persona no pone un carajo), el resultado R siempre será cero. No importa si tu E_A vale 10, 100 o 1000. Multiplicado por cero, todo se desvanece. Las matemáticas no negocian. Y ojo, que esto no es pesimismo, es matemática básica. Tu esfuerzo tiene un límite ("dominio de la variable"): puedes estirarte hasta donde tu salud emocional aguante, pero pasado ese punto hay burnout, ansiedad, noches sin dormir. Ese es tu límite superior. Y si del otro lado hay cero, el resultado siempre será cero. Siempre.

Pero hay algo más jodido que el cero constante: la función caótica. Esa donde a veces E_B = 1 y otras veces E_B = 0, pero nunca sabes cuándo toca qué. En conductismo lo llamamos "refuerzo intermitente" y es el programa que genera las conductas más adictivas y resistentes a desaparecer. Es la máquina tragamonedas emocional: a veces te da atención, a veces te ignora, y tú sigues ahí, metiendo fichas, esperando el premio que nunca llega de verdad. Matemáticamente, el promedio a largo plazo tiende a cero, pero estadísticamente, te tiene atrapado.

Si queremos ser realmente científicos, la fórmula debería incluir el costo de tu esfuerzo. Porque sí, esforzarse cansa, duele, desgasta. La ecuación real es: Beneficio Neto = (E_A × E_B) - Costo(E_A). Cuando el beneficio neto da negativo, tu conducta se extingue. No es que te "rindas", es que tu organismo deja de invertir energía donde no hay retorno. Es biología. Es economía conductual. Es supervivencia emocional.

Así que ya sabes. Puedes romantizar el esfuerzo unilateral todo lo que quieras, pero las matemáticas son claras: si multiplicas por cero, el resultado siempre será cero. Y la ciencia de la conducta te dice que no estás loco por esperar reciprocidad, estás siendo perfectamente lógico. Tu conducta dejará de ocurrir cuando el refuerzo no llegue. Y eso, amigo mío, no es pesimismo: es el rigor científico aplicado a lo que más te importa.

Y ojo, sé que esto es más complejo. El ser humano no es una calculadora y cuantificar la conducta es jodidamente difícil. A veces la gente cambia, a veces sorprende, a veces rompe todos los parámetros porque sí, porque es humana. Esto no es una verdad absoluta, es un modelo. Una lente para mirar la realidad, no la realidad misma. Pero justo por eso sirve: porque nos da un punto de partida para entender qué carajo está pasando cuando sentimos que damos y damos y no recibimos nada. La ciencia nunca ha pretendido atrapar por completo la complejidad humana; solo intenta ponerle linterna en la oscuridad. Y a veces, esa luz es suficiente para no tropezar con la misma piedra.


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